jueves, 16 de octubre de 2008

El mayor falsificador de la historia

Jean de Sperati fue quizás el mayor y mejor falsificador de sellos postales de la historia. Sus falsificaciones engañaron a todos los peritos de la época y no hubiera sido descubierto, de no ser por un hecho fortuito ocurrido durante la segunda guerra mundial.
Jean de Sperati (Pisa, 1888 - Aix-Les-Bains, 1957)

El 6 de febrero de 1942 quiso despachar desde la Francia ocupada una encomienda a Portugal. Al ser abierto el paquete por la censura de guerra, y ver que contenía planchas enteras de estampillas clásicas de gran valor, fue acusado por la Inspección de Aduanas de exportación no declarada de divisas.

"Cabecita" de Buenos Aires falsificado por Sperati


Sperati proclamo su inocencia, alegando que lo que él enviaba no eran estampillas auténticas, sino simples reproducciones hechas por él mismo, como obra artística, sin valor filatélico. Se le inició un juicio y se convocó a grandes expertos, quienes coincidieron en señalar que las estampillas eran auténticas y de un valor incalculable, debido a su excelente estado de conservación. Sperati consiguió salir en libertad luego del pago de una millonaria multa.



Luego de este incidente, Sperati envió tres estampillas a tres distintos peritos para que las analizaran y dictaminaran sobre su autenticidad. Cuando los tres decidieron que eran auténticas, Sperati les pidió que las analizaran en conjunto. Cuando hicieron esto, se sorprendieron al ver que los tres matasellos eran exactamente iguales, estaban en la misma posición y tenían la misma cantidad de tinta. La única explicación posible era que Sperati tenía razón y las estampillas eran tres falsificaciones obra del mismo autor.
Se dice que una vez absuelto, Sperati recibió diez millones de francos franceses de la Asociación Filatélica Británica (BPA) con la condición de que no siguiera realizando sus "obras artísticas". Cuando falleció en 1957, la BPA adquirió todas las existencias, parte de las cuales se exhibe en el Museo Británico.


Sello que la BPA aplicó en el dorso de todas las reproducciones de Sperati en su poder.

Según sus palabras, su deseo no era estafar al público con sus obras, sino ridiculizar a los "expertos", que habían ignorado su obra durante tanto tiempo, y a la vez, desmitificar las "rarezas" de la filatelia. Para evitar que sus reproducciones fueran vendidas como auténticas en el mercado filatélico solía firmarlas en el dorso, aunque dicha firma la realizaba en lápiz.
Sperati estuvo realizando y distribuyendo falsificaciones desde 1910 hasta 1942 sin ser jamás descubierto, y su prolífica labor abarca no menos de 70 países diferentes. (Nunca se pudo hacer una lista completa de sus trabajos). Muchas de las estampillas clásicas que aún se exhiben en grandes colecciones son copias de Sperati, sin que sus dueños lo sepan.

3 comentarios:

Rapote dijo...

Tremendo. Debería tener los ojos chiquititos como japonés con fiebre de tanto falsificar estampillas...

;) Rapote

Tiburina dijo...

O_O

La madre seguro le decía:

"nene, por qué no usas tu talento para otra cosa?"

"¿para qué mamá?"

"no sé, pero no falsifiques nene"

juan_tucuman dijo...

Muy bueno tu post, Sperati sin dudas es un artista (y un transgresor). Recuerdo una clase de arte donde me dijeron que el mayor error de los grandes falsificadores era el de mejorar la obra...